Una segunda vida para los juguetes​

La asociación Por un futuro Castilla y León ha puesto en marcha un proyecto de recuperación de viejos juguetes con una doble vertiente: la solidaria, pues parte de ellos se donan a familias sin recursos en Navidad y a otros niños el día de su cumpleaños; y la economía circular, puesto que también están de venta al público en una tienda de segunda mano de la calle 20 metros. Un negocio concebido desde el primer momento para dar trabajo a personas en riesgo de exclusión.

Hace cuatro años que esta asociación recibe juguetes de particulares y de empresas que colaboran con ellos, como Ambuibérica, así como de la Federación Católica de asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de Valladolid (Fecampa). El problema es que muchos de esos juguetes no estaban en condiciones de ser donados porque, simplemente, estaban rotos. «Venían sin piezas, sin mandos, sin tapaderas… y al final acababan en el vertedero», explica la responsable de la asociación, Raquel Hernández.

Para solucionar este problema, y aprovechando un proyecto subvencionado por la Unión Europea en el marco del programa Circular Labs, los integrantes de la asociación hicieron un curso de diseño e impresión en tres dimensiones (3D). «Nos enseñaron a manejar el programa para diseñar las piezas y cómo escanearlas e imprimirlas para hacer una igual», sostiene.

Unos conocimientos que empezaron a utilizar para dar una segunda vida a todos esos juguetes que antes acababan en la basura con una labor que realizan en unas instalaciones cedidas por el centro ambiental PRAE, situado en la Cañada Real.

Para la impresión de las piezas que faltan se utiliza un filamento fabricado a base de cáñamo de azúcar, entre otros materiales. Todos naturales, para que la pieza no sea tóxica. De ahí nacen esas fichas que faltan del Conecta 4, el brazo desaparecido de la muñeca de turno o el patito de goma que se perdió en el juego de pesca. Y el resultado es casi idéntico al original, con la única pega de que solo se imprime en blanco o negro, y veces este ‘remiendo’ choca con los colores originales de los juguetes.

Esta asociación está integrada por cuatro socios, que se ayudan del trabajo de varios voluntarios. Ninguno de ellos cobra ni un euro por lo que hace.

Bien es cierto que este año será un poco diferente a los demás. La asociación solía hacer una fiesta en Navidad para repartir los regalos, pero en esta ocasión no podrá ser por la pandemia, así que será los padres los que tengan que recogerlos con cita previa. La elección de las familias siempre se hace con un informe de un asistente social que garantice que la situación de precariedad.

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